13Kol hanogéa bemét benéfesh ha'adám ashér yamút veló yitjatá et mishkán Adonai timé venijretá hanéfesh hahí miYisra'él ki mei nidá lo zorák aláv tamé yihyé od tum'ató vo
No hay muchos versículos que comiencen así: “Zot jukát haTorá” (Esta es la ley de la Torá, versículo 2). No “mitzvot”, no “mishpatim”, sino jukah. No lo que entendemos, sino lo que se nos ha transmitido. Una ley que es en sí misma un recordatorio de que la Torá fue dada desde lo alto, y de que no toda verdad puede comprenderse con la razón humana.
La primera aliá de la parashá Jukat se abre con una de las mitzvot más enigmáticas de la Torá, la pará adumá (vaca roja). Una vaca íntegra, sin defecto, que nunca llevó yugo, es quemada por completo junto con madera de cedro, hisopo e hilo carmesí. Su ceniza, recogida por un hombre puro, se usa para crear las mei nidá (aguas de purificación), que tienen el poder de purificar a quienes se contaminaron por contacto con un muerto.
La gran paradoja, conocida de la Guemará (Yomá 14a) y del Midrash (Bamidbar Rabá 19), es que quienes participan en el proceso de purificación, el cohén, el que quema, el que recoge, quedan ellos mismos impuros, mientras que precisamente su ceniza purifica a otros.
El Rambam (Hiljot Pará Adumá 3:4) señala que nueve vacas rojas fueron hechas, y la décima la hará el rey Mashíaj. Y en el Midrash (Bamidbar Rabá 19:3) se trae en nombre de Rabí Yitzjak, quien abrió sobre la sección de la vaca roja con el versículo dicho por Salomón: “Kol zoh nisíti vajajmá amartí ejkamá vehí rejoká miméni” (Todo esto probé con sabiduría; dije que sería sabio, pero estaba lejos de mí, Kohélet 7:23). Salomón, el más sabio de los hombres, se detuvo ante la vaca roja y no halló su razón. Hay cosas que no se acomodan a la comprensión del intelecto, y aun así son verdad absoluta.
Hay momentos de impureza en este mundo, muerte, pérdida, dolor. La Torá no elimina la impureza, sino que enseña cómo vivir dentro de ella y cómo salir de ella. Quienes entran dentro, tocando la ceniza, cargando el dolor, son los que pueden purificar. La próxima vez que se encuentren con el dolor de otra persona, a veces la pregunta no es cómo resolverlo o explicarlo, sino cómo simplemente estar ahí. Y a veces eso mismo es un acto de purificación.
Más Preguntas sobre la Parashá
Pronto habrá más preguntas sobre esta parashá. Mientras tanto, explora nuestro estudio diario de Torá.