A veces hay un momento en que una sola persona se levanta, y el mundo entero cambia. Así se levantó Pinjás.
Después de la plaga de Peor y del acto de Zimrí, la Torá revela la raíz interior: “Pinjás ben Elazár ben Aharón hakohén heshív et jamatí me’ál bnei Yisra’él” (Pinjás, hijo de Eleazar, hijo de Aarón el sacerdote, apartó Mi ira de los hijos de Israel, Números 25:11).
La gran conmoción de Peor, no solo un acto de inmoralidad sino también una adicción a otra cultura, exige una reparación profunda. Pinjás no actuó por violencia, sino por celo por el Cielo: un celo limpio, preciso, lleno de intención pura. La Torá misma da testimonio de él: “bekan’ó et kin’atí betojám” (al mostrar su celo por Mí en medio de ellos).
Y a cambio recibe lo que sorprende a todo lector: no una recompensa de poder, sino un pacto de paz: “Hinení notén lo et brití shalóm” (He aquí que le doy Mi pacto de paz, versículo 12).
Este es un gran fundamento: el celo verdadero, cuando se hace por el Cielo y con un corazón limpio, no crea ruptura, sino que trae paz. Porque la “paz” verdadera no siempre es compromiso. A veces es una postura clara y firme por un valor interior.
Inmediatamente después, la Torá vuelve a los detalles del suceso y menciona por su nombre a los héroes y a los pecadores: Pinjás frente a Zimrí y Cozbí. Entonces llega la orden: “Tsarór et haMidyaním vehikitém otám” (Hostiguen a los madianitas y golpéenlos, versículo 17). La guerra aquí no es solo física, sino cultural.
Y entonces comienza un nuevo censo. Toda la generación anterior murió, y ahora se cuenta de nuevo al pueblo de Israel, una generación que entrará a la Tierra. Como un nuevo comienzo. “Vayómer Adonai el Moshé… Se’ú et rosh kol adát bnei Yisra’él” (Y el Eterno dijo a Moisés… Hagan el censo de toda la congregación de los hijos de Israel, Números 26:1-2).
Un solo momento de celo puro cambia el rostro de la generación. Es el momento en que Dios, por así decirlo, se “convence” de que no toda la generación fue arrastrada tras Peor, de que todavía hay esperanza, de que aún quedan personas como Pinjás. A partir de ahí ya se puede contar de nuevo. Empezar de nuevo.
¿Y nosotros?
Cuántas veces hay situaciones en las que sentimos que “todos se dejan llevar por la corriente”, y nosotros estamos solos con la voz de la conciencia, la voz de lo sagrado, la voz de la verdad. Entonces aparece el Pinjás que llevamos dentro y muestra que es posible mantenerse en pie, incluso solos. Es posible tener celo por el Cielo, no desde el odio, sino desde un gran amor por el pueblo y por el mundo. Y cuando nos levantamos así, no solo no nos derrumbamos, sino que construimos: pacto, paz, un nuevo comienzo.